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Tradiciones chalacas

Tradiciones chalacas La Viuda Negra

Cuentan los antiguos vecinos que hace muchos años, en un día lluvioso, un joven cartero se encontraba con su moto por la Iglesia Matriz del Callao. Frente a él se encontraba una chica muy guapa, estaba con frió esperando que algún carro la recoja pero ello no sucedía. Al ver esto el joven cartero le preguntó si quería que le diera un aventón y ella moviendo la cabeza aceptó, por el camino él le pregunto si tenía frió y ella le respondió de la misma manera silenciosa como lo había hecho; al ver que la muchacha no le decía donde tenía que dejarla, éste le preguntó a dónde se iba a bajar, y ella le señaló un portón grande por el cual entró definitivamente.

El cartero al momento de regresar a su casa se dio cuenta que no tenía su casaca, pues le había prestado a la joven, entonces el muchacho regresó al día siguiente a la casa de la joven misteriosa, vio que ella estaba saliendo en un auto, entonces decidió regresar al día siguiente, y así lo hizo al momento que tocó la puerta, salió una viejita y le preguntó qué era lo que buscaba, él le respondió que andaba buscando a una joven de cabello largo oscuro, vestida todo de negro y que era muy simpática, entones la viejita lo hizo pasar y le enseñó un cuadro con una fotografía de la chica; el joven le dijo que en efecto, esa era la muchacha que había traído el día anterior, la viejita empezó a llorar, turbado él pregunta ¿“por que llora señora”? ella respondió que esa joven era su hija que había fallecido hace quince años por el amor de su joven esposo; entonces el muchacho le dijo que no podía creerlo, la viejita le pidió que la acompañara al cementerio para que verifique donde estaba sepultada su hija; al llegar se dieron con la sorpresa que la casaca del muchacho estaba colgada en la tumba.

Dora Blossierts Galiani


El Cura Sin Cabeza

Cuentan, que en la zona que hoy se conoce como Callao Monumental, puntualmente entre los jirones Bolívar y Castilla, existía hace mucho tiempo, una capilla próxima a los entonces llamados lupanares del Callao, lugares frecuentados por corsarios, piratas y gente de mal vivir que acudían a estos antros en busca de diversión y placer. Esta historia, transmitida por generaciones de chalacos, es una historia de amor. El romance prohibido entre un párroco y una dama de la noche que daban rienda suelta a sus bajas pasiones en horas de la madrugada en uno de los antros más populares de ese momento. Refieren que entonces el cura, aprovechando su privilegiada condición, y con la sotana puesta, salía de su capilla ubicada en el Jr. Bolívar y Putumayo y se trasladaba hasta el Jr. Castilla donde hacía denodados esfuerzos por subir a la plataforma, al encuentro del amor. Es así que en uno de sus cotidianos paseos es interceptado por dos malhechores quienes indignados y presos del alcohol, decidieron terminar con el mal ejemplo de este párroco y lo decapitaron. Sí ¡le cortaron la cabeza!. Por eso, hoy en día, los abuelos del lugar nos dicen que si sentimos pasos o alaridos y vemos sombras fantasmales de una figura humana con sotana y sin cabeza, no nos asustemos que es el recordado cura escalando las paredes en busca de su dama o como prefiere usted llamarla.


La Viuda Celosa

Yo escuchaba esta historia de mis mayores, en mi época de adolescente, sobre todo en las “campañas” cuando fallecía una persona y tenían que velar al difunto hasta por tres días, era por el deseo de los familiares para esperar a sus deudos que se encontraban lejos de la tierra santa.

Una señora que era muy celosa y pensando que su marido la engañaba con otra mujer, salía a buscarlo, sobretodo los días sábados y ya muy avanzada la noche, y para ello se vestía todo de negro recorriendo las calles llevando en el rostro una expresión de gran congoja y diciendo “donde estará mi hijo”, simulaba a la llorona que por las noches de luna llena salía por las calles derramando un llanto lastimero precisamente en busca del hijo perdido.

Quiero mencionar que antiguamente los cumpleaños o bautizos se animaban con arpa, guitarra o pick–up; en el pueblo eran pocas las personas que tenían estos instrumentos musicales.

Cierto día muy entrada la noche cuando el “cholo Balta”, así le decían al dueño del pick-up, regresaba a su casa en la ciudad, después de amenizar un cumpleaños en el campo. Al ingresar al pueblo se detuvo bruscamente luego de escuchar el llanto de una mujer; al acercarse ésta notó que vestía todo de negro y en su llanto decía “donde estará mi hijo”.

Cabe señalar que al cholo Balta nunca le faltaba su machete que siempre lo llevaba consigo, sobretodo cuando salía al campo, para defenderse. En la entrada de la ciudad, cerca al cementerio, existía un pequeño bosque de grandes algarrobos; como al cholo Balta le dio un poco de miedo la presencia de esta enlutada mujer se ocultó detrás de un algarrobo para que al pasar la llorona no lo vea, pensando que le podía hacer algún daño. Se habría alejado unos 50 metros cuando la llorona hizo el ademán de sentarse e inmediatamente se volvió a parar y continuó su mudanza, el cholo quería comprobar si era un alma en pena o un ser humano; se dirigió al lugar donde se había detenido la llorona y se dio con la sorpresa de que en el suelo había señal de habían rastros de alguien miccionando, comprobando esto empezó a perseguirla machete en mano, estuvo a punto de alcanzarla, pero una puerta que en esos momentos estaba abierta evitó de que el cholo cometiera un crimen.

Días después se supo de la identidad de la llorona y como el rumor corrió por toda la ciudad fue Santo remedio para que la fémina abandonara el lugar sin volver nunca más.





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